En una ceremonia que reunió a figuras históricas y autoridades del presente, Felipe González hizo un llamado a proteger el clima de convivencia en España, reivindicando el papel de la Monarquía Parlamentaria durante la construcción democrática.
La entrega del Toisón de Oro al expresidente Felipe González se convirtió en un escenario donde convergieron pasado y presente político, y donde se recuperó el legado de quienes participaron en la construcción democrática del país. En un acto celebrado en el Palacio Real de Madrid, González insistió en la necesidad de evitar la confrontación como herramienta política y defender la paz civil como bien indispensable para el futuro de España. El evento —al que no asistió el Rey Emérito, pese a su relevancia histórica en la Transición— estuvo cargado de referencias al proceso de modernización institucional que marcó el final de la dictadura y el inicio de la etapa constitucional.
Acompañado por el Rey Felipe VI, responsables políticos, juristas y representantes de las instituciones del Estado, González aprovechó la ocasión para destacar la importancia del consenso en la vida pública. El expresidente subrayó que, en un momento en que el debate político muestra signos de polarización, es esencial recordar los fundamentos que hicieron posible que España avanzara hacia una democracia plural y estable. El auditorio, compuesto por numerosas personalidades, escuchó un discurso que combinó reflexión histórica con advertencias sobre los desafíos actuales.
La figura de Juan Carlos I y el papel de la Monarquía en la construcción democrática
En su intervención, González reivindicó la actuación del entonces Rey Juan Carlos I en los primeros años de la Transición. Según el expresidente, el monarca desempeñó un papel esencial en la consolidación de un modelo institucional basado en la limitación del poder y en el respeto a la legalidad constitucional. González recordó que, incluso antes de la aprobación de la Carta Magna, el Rey renunció a cualquier interpretación absoluta de la jefatura del Estado, lo que para él constituyó un gesto determinante para abrir paso a un sistema democrático moderno.
Sus palabras adquirieron especial relevancia por la ausencia del Rey Emérito en el acto, pese a tratarse de una ceremonia vinculada directamente con la restauración de la Monarquía parlamentaria que él encabezó. El evento reflejó un reconocimiento implícito a su figura, aunque adaptado a la sensibilidad institucional del presente.
González, con una perspectiva meditativa, detalló que la etapa de cambio no surgió por casualidad, sino como consecuencia de determinaciones audaces que posibilitaron dejar atrás periodos prolongados de régimen autoritario. Rememoró que el deseo de impedir que la nación se sumiera en nuevas divisiones internas constituyó uno de los impulsos esenciales para aquellos que promovieron la transformación política. Esas resoluciones, enfatizó, hicieron posible la configuración de una iniciativa compartida cimentada en la autonomía, la justicia social y la pluralidad cultural.
El llamado a salvaguardar la tranquilidad social en un entorno político agitado
En varios momentos del acto, el expresidente hizo alusión al clima político actual, marcado por tensiones institucionales y confrontación discursiva. Sin mencionar actores específicos, advirtió que cualquier estrategia que tome la confrontación como principio erosiona la cohesión social y dificulta la construcción de espacios de entendimiento. Para González, la convivencia democrática requiere un compromiso activo con el respeto mutuo y la renuncia a la polarización como método.
Asimismo, manifestó que, en la fase postrera de su existencia, esta certeza ha cobrado mayor arraigo: salvaguardar la concordia social y el entorno de coexistencia debe erigirse como una meta primordial para la prosperidad nacional. Hizo hincapié en que una gobernanza democrática robusta se sustenta en la habilidad de sus organismos y de sus habitantes para mitigar las disputas y encauzar la discusión hacia resoluciones consensuadas.
El contexto institucional del acto añadió carga simbólica a sus palabras. Entre los asistentes se encontraba el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cuyos compromisos recientes han estado marcados por la controversia judicial alrededor del fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. La condena dictada por el Tribunal Supremo alimentó un clima político especialmente tenso, con exigencias de dimisión desde la oposición y defensa cerrada desde el Ejecutivo. En ese ambiente, las declaraciones de González resonaron con un mensaje claro: la estabilidad del país no puede depender únicamente de decisiones coyunturales, sino de una cultura política basada en la moderación.
Reconocimiento a los arquitectos de la Constitución y a los protagonistas de la Transición
Durante su intervención, González también deseó honrar a aquellos que intervinieron directamente en la creación de la Constitución. Hizo mención de los redactores de la Ley Fundamental —Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Miquel Roca, Gregorio Peces-Barba, Gabriel Cisneros, Manuel Fraga, José Pedro Pérez-Llorca y Jordi Solé Tura— enfatizando la trascendencia de su labor en la edificación de los cimientos del sistema institucional que aún sustenta la democracia en España.
El exmandatario indicó que sin la colaboración unida de estos participantes, la transición pacífica hacia un régimen de libertades habría sido inviable. Agregó que el proceso de Transición enfrentó obstáculos y fricciones, pero la determinación de hallar soluciones consensuadas prevaleció, un aspecto que, a su juicio, es fundamental retomar en la actualidad.
También hizo referencia a Adolfo Suárez, el primer presidente democrático, y a Santiago Carrillo, el dirigente comunista que jugó un rol crucial en la estabilización política de la nación. Según González, el legado de estos personajes ilustra que la democracia se edifica sobre el reconocimiento de la diversidad y el deseo de amalgamar distintas perspectivas en una iniciativa compartida.
Miquel Roca, uno de los redactores de la Constitución que asistieron al evento, tomó la palabra para enfatizar que la transición de la dictadura a la democracia no surgió de forma espontánea, sino que fue el resultado de un esfuerzo conjunto que demandó sacrificios, pactos y coraje político. En su opinión, la enseñanza de la Transición permanece actual: cada nueva generación tiene la tarea de determinar su propio camino, y la obligación de preservar el espíritu de acuerdo recae en la sociedad en su conjunto.
La Corona como símbolo de integración y continuidad institucional
Otra de las intervenciones destacadas del acto fue la de Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, quien subrayó que, en la actualidad, la Corona continúa ejerciendo una función de integración, actuando como un elemento de cohesión para un país diverso en identidades y territorios. Según Herrero y Rodríguez de Miñón, esta capacidad de unir a la ciudadanía dentro de un mismo proyecto político es una de las principales virtudes del sistema constitucional.
Defendió además la democracia como el mejor modelo de gobierno disponible, aunque reconoció que es un sistema que requiere un esfuerzo constante para perfeccionarse. Su mensaje insistió en que los ciudadanos deben asumir un compromiso permanente con su mejora y protección, pues la democracia no es un logro definitivo, sino un proceso en evolución.
González, de manera similar, enfatizó que los fundamentos que sustentan la coexistencia —libertad, igualdad y pluralidad— únicamente pueden perdurar si hay una dedicación activa a la salvaguarda del acuerdo constitucional. A su juicio, la Transición evidenció la viabilidad de edificar una democracia robusta, aunque su permanencia exige una determinación tanto política como social.
Un acto lleno de significado y visiones de porvenir
La ceremonia del Toisón de Oro no solo honró la carrera política de González, sino que también destacó la relevancia de los valores que cimentaron la coexistencia democrática. El Palacio Real se transformó en un escenario para rememorar la historia compartida de la nación y meditar sobre los retos que presenta el panorama político contemporáneo.
La presencia de figuras institucionales, antiguos responsables de gobierno y representantes de distintas sensibilidades políticas subrayó que la defensa de la convivencia sigue siendo un objetivo compartido. El mensaje transmitido a lo largo del evento fue un recordatorio del valor del diálogo y de la necesidad de alejarse de la polarización, para evitar que las diferencias se conviertan en fracturas irreparables.
González cerró su intervención apelando a la responsabilidad colectiva: la democracia española ha demostrado su fortaleza, pero debe seguir cultivándose mediante el entendimiento, el respeto y la voluntad de avanzar juntos.
