Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hay). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al usar el sitio web, usted consiente el uso de cookies. Hemos actualizado nuestra Política de Privacidad. Por favor, haga clic en el botón para consultar nuestra Política de Privacidad.

La brecha STEM persiste: solo el 3,5% de jóvenes españoles se plantea estudiar tecnología

https://www.lavanguardia.com/files/og_thumbnail/uploads/2019/08/12/5fa5301001ee8.jpeg

Actualmente, vivimos en una época digital donde la inteligencia artificial, la automatización y la transición hacia un modelo sostenible guían el crecimiento económico y social. Sin embargo, hay una inquietante falta de interés de los jóvenes españoles en las áreas científicas y tecnológicas. Un estudio reciente llevado a cabo con estudiantes de 14 a 18 años destaca la poca atracción que generan las profesiones STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) entre los estudiantes de secundaria y bachillerato.

Un aspecto notable es que solo el 3,5% de las personas entrevistadas tiene interés en seguir una especialidad relacionada con la tecnología. Este porcentaje disminuye aún más al enfocarse solo en mujeres: solo un 1,5% considera una opción educativa en el área tecnológica. En cambio, las Ciencias de la Salud destacan como la elección principal, especialmente entre las estudiantes, con un 36,5% eligiendo este sector.

El desinterés hacia las ingenierías también es notable. Solo el 14% del estudiantado valora esta vía profesional, y en el caso de las jóvenes, el porcentaje desciende a un escaso 4%. Estos datos reflejan una brecha de género profundamente arraigada, que no solo se manifiesta en el acceso a las carreras STEM, sino también en la confianza y percepción que tienen las adolescentes sobre su capacidad para enfrentarlas.

Uno de los elementos críticos señalados en el estudio es la ansiedad matemática, un fenómeno que impacta al 76% de los estudiantes. Esta ansiedad se manifiesta en inseguridad, aversión y, en numerosos casos, en el abandono de los caminos científicos. Contradictoriamente, las niñas suelen lograr calificaciones más altas en estas disciplinas, pero muestran una confianza en sí mismas considerablemente más baja que los chicos. Apenas un 12% de ellas asegura sentirse confiada con las matemáticas, en comparación con el 19,5% de los varones.

Otro elemento clave que contribuye a esta situación es la falta de referentes femeninos en el ámbito científico-tecnológico. La ausencia de modelos inspiradores limita las aspiraciones de muchas estudiantes, que no encuentran en su entorno imágenes con las que identificarse. A esto se suma una orientación vocacional escasa: apenas un 19% del alumnado ha recibido información académica específica sobre carreras STEM.

El rol del cuerpo docente es igualmente crucial. El documento resalta que los alumnos aprecian particularmente tres características en sus maestros: el dominio del tema (85%), el método de instrucción (84%) y su habilidad para motivar a los estudiantes (80%). Estos elementos son clave para fomentar vocaciones científicas desde una edad temprana.

En lo que respecta a los aspectos que afectan la selección de una carrera, las alumnas dan mayor importancia a la satisfacción laboral (87,5%), el interés personal en el campo (84,5%) y el salario (77%). A pesar de que factores como la habilidad en matemáticas o ciencias son igualmente tenidos en cuenta, tienen menos peso. Esta clasificación de prioridades invita a meditar sobre cómo replantear el mensaje acerca de las STEM para que se perciban no solo como campos rentables, sino también como herramientas de cambio social y personal.

Reducir la desigualdad de género en los campos de ciencia y tecnología es más que un asunto de justicia; es esencial en un entorno impulsado por la innovación. Conseguir este objetivo demanda una revisión exhaustiva de las políticas educativas y los enfoques pedagógicos. Entre las sugerencias más notables para cambiar esta realidad, están la inclusión de mujeres como referentes visibles, el fortalecimiento de la orientación vocacional en las instituciones educativas, y la implementación de métodos pedagógicos inclusivos que disminuyan la ansiedad y aumenten la motivación de los estudiantes.

El cambio digital y ambiental que experimentan las sociedades modernas requiere el diverso talento de las nuevas generaciones. Apoyar una educación en STEM más justa y atractiva es invertir en un futuro más equitativo, competitivo y sostenible.